
El mensaje luce revestido de buena fe y de un interés legítimo por la salud de la administración de justicia. Pero nadie se llame a engaño
REPUBLICA DOMINICANA, Miercoles 19 De Agosto 2026.- Al aproximarse la evaluación y la posterior elección del presidente y de los demás jueces de la Suprema Corte de Justicia, el Consejo Nacional de la Magistratura empieza a recibir una sutil presión mediática que tiende a condicionar la decisión del órgano constitucional sobre la base de una retórica engañosa.
La matriz mediática consiste en apalancar el criterio de que el CNM debe elegir para presidir la Suprema Corte a un juez de carrera para alejar a esta alta corte de cualquier influencia política o vinculación partidaria.
El mensaje luce revestido de buena fe y de un interés legítimo porque la administración de justicia se ponga lo más lejos posible de cualquier mediatización derivada de manipulaciones partidarias o colindancia con elementos ajenos a este poder del Estado.
Pero nadie se llame a engaño: la supuesta equidistancia que se pide es de los políticos, no así de los intereses corporativos que siempre aspiran a tener “su justicia” cortada a la medida.
El presidente de la República y del CNM tiene el entrenamiento suficiente para distinguir cuando ciertos consejos surgen de una intención sana y cuando se le pretende engatusar para que complazca intereses ocultos.
El argumento de que la Suprema Corte debe ser encabezada por un juez de carrera, se estrella de manera frontal con la tradición de al menos las últimas cuatro décadas, a partir de cuando el principal juez de la Suprema no ha sido un magistrado de carrera.
Desde entonces -y antes también-, el presidente de la Suprema no ha sido un juez de carrera, sino un abogado de reconocido prestigio.
¿Fueron jueces de carrera los magistrados presidentes de la Suprema Jorge Subero Isa, Mariano Germán Mejía y el actual Luis Henry Molina? Todos sabemos que no lo fueron, y, sin embargo, su desempeño fue, y es en el actual, digno de los mayores elogios.





