Por: Marisela Gutiérrez, Lunes 24 De Agosto 2026.-
No escribo para agradar, escribo para que despierten.
Hoy inicia el año escolar 2026-2027 en República Dominicana, con millones de estudiantes regresando a las aulas, tanto en centros públicos como privados.
Y con el inicio del año escolar también comienzan los retos.
Cada año, la Asociación Dominicana de Profesores (ADP) plantea sus reivindicaciones y reclamos. Mientras tanto, la Asociación de Padres, Madres, Tutores y Amigos de la Escuela (APMAE), que durante años ha tenido una participación más pasiva, comienza a hacerse sentir en distintos puntos del país, incluyendo Santiago.
Pero hay otro elemento que genera preocupación: los cambios introducidos por el nuevo Código Penal y las disposiciones que inciden en la convivencia dentro de los centros educativos.
La pregunta es inevitable: ¿qué pasará desde hoy en las aulas con estas nuevas disposiciones y las normas que durante años han regido la relación entre estudiantes y maestros?
Nadie cuestiona que existen reglas que necesitan ser revisadas y situaciones que deben corregirse. Pero tampoco podemos olvidar que dentro de las aulas debe existir autoridad, respeto y responsabilidad de ambas partes.
Las normas deben proteger a todos: estudiantes, maestros, padres y autoridades educativas. No podemos construir un sistema donde una de las partes termine sintiéndose intocable, mientras la otra tenga miedo de actuar ante una situación de indisciplina.
Si un maestro pierde autoridad dentro del aula, también pierde fuerza la enseñanza.
Por eso, este nuevo año escolar será una verdadera prueba de fuego para los maestros, los estudiantes, los padres y las autoridades educativas.
Las leyes deben garantizar derechos, pero también deben establecer claramente los deberes y las consecuencias cuando esos derechos son utilizados para vulnerar la convivencia.
Hay que revisar lo que tenga que revisarse y corregir lo que deba corregirse, pero siempre con un objetivo: que las aulas sean espacios de aprendizaje, respeto y disciplina, no escenarios de confrontación permanente.
Porque educar no puede convertirse en una tarea donde el maestro tenga las manos atadas y el estudiante crea que puede hacer y deshacer sin consecuencias.
Las reglas deben ser para todos. Sin privilegios y sin intocables.






