Dos monstruos que devoran a la República Dominicana: Salud y Justicia

SANTO DOMINGO, Lunes 09 De Febrero 2026.- En la República Dominicana existen dos monstruos reales que acechan sin piedad a la población, especialmente a los más vulnerables: el sistema de salud y el sistema de justicia. Dos sectores fundamentales para la vida y la dignidad humana que, lejos de proteger al ciudadano, se han convertido en estructuras que consumen la economía familiar y profundizan la desigualdad social.
Ambos sistemas están gravemente afectados por la comercialización, la corrupción y la exclusión social. En cualquiera de los dos, un ciudadano pobre —un hijo de machepa— se encuentra prácticamente indefenso. Enfermarse o enfrentar un proceso judicial puede significar la ruina total para una familia de escasos recursos.
El sector salud, que debería garantizar atención digna y oportuna, se ha transformado en un negocio donde el dinero decide quién vive, quién espera y quién muere. Medicamentos impagables, procedimientos costosos y un sistema que margina a quienes no pueden pagar, convierten el derecho a la salud en un privilegio de pocos.
Por otro lado, el sistema de justicia representa, para muchos dominicanos, una amarga injusticia. Los altos costos legales, las prolongadas moras judiciales y la corrupción de algunos actores del sistema hacen imposible que un pobre pueda enfrentar un caso, aun siendo la parte más vulnerable. La percepción —y en muchos casos la realidad— de sentencias negociadas y procesos manipulados ha minado la confianza ciudadana en los tribunales.
Lo más alarmante es que nadie escapa de estos dos monstruos. Todo ser humano, en algún momento de su vida, tendrá que enfrentar la enfermedad o la justicia. Sin embargo, el Estado, como máximo responsable y garante de los derechos fundamentales, ha fallado en su deber de velar por una salud y una justicia equitativas, accesibles y transparentes.
Vivimos en un país donde parece que no es apto para pobres, sino solo para quienes tienen los recursos económicos para enfrentar estos dos sistemas sin que ello implique su destrucción personal y familiar. La falta de responsabilidad, control y voluntad política ha permitido que estos monstruos crezcan sin freno.
Es profundamente lamentable que esta sea la realidad de una nación que se proclama democrática y socialmente justa. Que Dios nos ampare… porque, hoy por hoy, el ciudadano común está solo frente a estos dos gigantes.



